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Líderes religiosos: No cooperen con los
actos de repudio
Declaración
del Grupo de Trabajo de los Guías Espirituales del Exilio,
hecha pública el 15 de febrero de 2005 en el Salón Varela de
la Ermita de la Cardidad
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Izq.
Rev. Martín N. Añorga, pastor presbiteriano; centro: Mons.
Agustín A. Román, obispo auxiliar de Miami y Rev. Onell Soto,
obispo episcopal |
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El brutal incremento de la represión gubernamental
en Cuba, desatada ya no solamente contra los
prisioneros políticos y los opositores pacífi cos
que tratan razonablemente de cambiar la deplorable
situación que Cuba vive al presente, sino también
contra los familiares de éstos y contra la población
en general, constituye un reprobable abuso de poder
y una muestra más de la contumacia en el desdén a
los derechos humanos fundamentales de parte del
gobierno de la Isla.
Los llamados “actos de repudio” en los que las
turbas pro gubernamentales atacan de hecho y de
palabra a los ciudadanos arbitrariamente, califi
cados como “contrarrevolucionarios”, han ido
aumentando en brutalidad y frecuencia, y sin asomo
alguno de consideración hacia las víctimas, familias
enteras, incluyendo mujeres, niños y ancianos.
Como guías espirituales del pueblo cubano en el
exilio no podemos menos que cumplir la misión
profética que es parte esencial de nuestro
ministerio, expresando nuestra más enérgica condena
ante ese ejercicio vesiánico, que desafía tanto el
concepto cristiano de la humana convivencia, como
los criterios democráticos de lo que debe ser la
relación entre gobernantes y gobernados.
Advertimos igualmente que estas acciones constituyen
también una peligrosa incitación hacia la violencia
colectiva, de cuyas posibles consecuencias solamente
serán responsables aquellos que las auspicien desde
una arrogante impunidad que no ha de ser para
siempre.
El Señor Jesucristo, manso y humilde de corazón como
era, dejó claramente establecido que “con la misma
medida con la que ustedes midan a los demás, serán
medidos ustedes” (Marcos: 4,24) y no es posible
disimular la intrínseca maldad de esta situación,
que clama al cielo, ni el derecho a la justa defensa
de sus vidas que asiste a los atacados. El mundo es
testigo, además, de cuán infructuosas han resultado
hasta ahora todas las apelaciones dirigidas al
gobierno cubano en procura de un cambio de actitud
de su parte.
Lejos de ello, tal parece que esas apelaciones
provocan en los que mandan en Cuba mayor crueldad y
desfachatez en sus procedimientos, tal como ha
podido constatar recientemente la Unión Europea.
Sin embargo, esto no debe llevar a nadie a la
frustración o a la indiferencia ante el desamparo de
los cubanos frente a la opresión que se les impone.
Exhortamos a los gobiernos del mundo democrático, a
los organismos internacionales y a todos los hombres
y mujeres de buena voluntad, a manifestar la mayor
solidaridad con los que en Cuba sufren y a apoyarlos
en sus aspiraciones de libertad y justicia en forma
firme y urgente. Por otra parte, es alentador saber
que el propio terror está provocando, como
respuesta, un resurgimiento del decoro ciudadano.
Esto se está manifestando en la negativa a
participar en los “actos de repudio” de parte de
vecinos de los atacados, hecho que se ha venido
repitiendo notablemente ya en distintos lugares del
país, según informaciones llegadas desde allá.
Nosotros felicitamos a esos compatriotas que están
recuperando su dignidad personal al negarse a ser
cómplices de la maldad, porque es inmoral y carece
de sustentación ética toda colaboración con algo que
resulta malo para todos, para las víctimas directas
del atropello y para los que, por envilecimiento o
por miedo, se prestan a fungir de victimarios.
Nos place ver que están engrosándose las filas de
los que vencen el miedo para acogerse, aún sin
saberlo, a la descripción que nos da la Sagrada
Escritura de los que agradan a Dios: “El que procede
honradamente y practica la justicia, el que tiene
intenciones leales y no calumnia con su lengua, el
que no hace mal al prójimo ni difama al vecino”…
(Salmo 15).
Oramos por ellos, por los que sufren la represión y
también por los que rebajan su condición humana al
participar de la misma.
Oramos porque se detenga toda violencia y porque
todos los cubanos alcancen la liberación real y
completa, la de las imposiciones políticas, la que
priva de derechos y posibilidades y la que somete
los corazones a los dictados del mal.
Que Aquel que vino a nosotros para “evangelizar a
los pobres, predicar a los cautivos la liberación y
recuperar la vista a los ciegos, a libertar a los
oprimidos” materialice sobre Cuba su espiritual
encomienda.
Rev. Agustín A. Román
Rev. Martín N. Añorga
Rev. Guillermo A. Revuelta
Rev. Emilio A. Vallina
Rev. Martín Castañeda
Rev. Alberto Cutié
Rev. Aida Diego
Rev. Rolando Espinosa
Rev. Lenier Gallardo
Rev. Martín L. Hernández
Rev. Roberto Hernández
Rev. Santiago Matéu
Rev. Marcos Antonio Ramos
Rev. Manuel Salabarría
Rev. Onell Soto
Rev. César Vega
Rev. Francisco Villaverde, o.p.
Rabino Héctor Epelbaum.
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